miércoles, 19 de diciembre de 2007

Cuento de Navidad

1 comentario:

Sylvia dijo...

Me llamo MelKior, que significa Rey de la Luz, quizá por eso desde mi infancia siempre quise ser astrónomo. Tengo el cabello cano y una larga barba por los años que tengo. Aún así, dedico la mayor parte de mis días a contemplar las estrellas. Trabajo con Gaspar, descendiente de Jafet. Joven, lampiño y rubio. Y con Belshatstsar, que en hebreo significa del dios Bel protegerá al rey. Es la nota de color del equipo. Así le decimos en broma, porque es negro y de espesa barba.
Ahora es de noche, suelo salir al balcón antes de acostarme. No me acostumbro a leer el firmamento. Se nota que las estrellas están llenas de vida.Saben porqué están y cual es su misión para con los hombres: hacer con su belleza y resplandor, que cada noche sientan la necesidad de mirar al cielo y agradecer a Dios las maravillas de la creación. Los entendidos llamamos a este regalo del Padre, el don de la Ciencia. Son los trucos de Dios para hacernos conscientes de su presencia.
Vuelvo a mirar por ultima vez porque, aparte de que está refrescando, percibo cómo la estrella Mayor está mas inquieta de lo normal y hay más estrellas fugaces.
De pronto, me ha entrado un escalofrío. ¡No es posible lo que estoy viendo!, exclamo lleno de admiración. Puedo leer un mensaje en letras que parecen de oro. Es una palabra muy larga que ni siquiera entiendo porque no está en mi idioma. «Emmanuel» .Y hay una estrella con un halo de luz muy potente que no para de dar vueltas a mi alrededor, como si quisiera mostrarme algo. Entro en la habitación y me dirijo hacia los libros antiguos. Descubro que está escrito en lengua hebrea y leo su significado. «Dios con nosotros» . Me cuesta creerlo. Y después de unos segundo que me ayudan a asimilar lo que acabo de descubrir, decidido emprender el camino hacia ese Dios desconocido que, a la vez, se está haciendo presente en algún lugar de la tierra.
Como considero que es un nuevo fenómeno del cielo decido contar este hallazgo a mis colegas.
Llamo a uno de mis pajes y le ordeno que prepare uno de los camellos mas jóvenes y vaya, además, a comunicar a Gaspar y Belsha’tstsar que nos vamos de viaje siguiendo una estrella.
Ya convencidos los dos porque piensan que estoy mayor y empiezo a desvariar, dejamos nuestro país con el deseo de encontrar un gran tesoro – ¡son las locuras de los audaces! -. No tenemos muy claro el camino pero sabemos que la estrella nos lo mostrará. No sin sortear los distintos obstáculos que se nos han ido presentando: sed, hambre, incomodidad, incomprensiones -nos han llamado brujos -, personas hostiles como Herodes. -tenía una mirada muy turbia que llamaba la atención y daba miedo, - hemos llegado por fin a nuestro destino. Y es que la estrella se ha parado en Belén de Judá.
Y entrando en un pesébre, he visto al Emmanuel. No puedo dejar de hacerme una reflexión sobre su Madre - ¡que mujer tan especial, parece una Reina! Está callada, como si quisiera vivir los acontecimientos en la intimidad de su corazón!.
Me toca el primero por ser el mayor. Con una reverencia deposito lo que he traído mientras le digo:»Vimos en Oriente Tu estrella y hemos venido a adorarte. Te traigo además, oro fino, símbolo de Rey porque reconozco en Ti al que ha de ser el Rey de los reyes». Me levanto emocionado para dejar paso a Gaspar que, con un movimiento más ágil, se inclina igualmente mientras le presenta su ofrenda :«Te traigo incienso, resina olorosa, oriunda de Oriente, símbolo de Dios porque reconozco en Ti al que todos han de reconocer como a su Dios verdadero». Y por último, Belsha’tstsar, que sigue nuestros pasos minetras dice: «Te traigo mirra, sustancia perfumada en forma de lágrimas de color rojizo, símbolo del hombre porque reconozco en Tí al Hijo del Hombre que ha de sufrir y derramar sangre por salvar a la humanidad doliente».
Y mientras todos está admirados de los presentes que hemos traído, me he dado cuenta que, desde que llegamos a este sencillo lugar, no he parado de repetir en mi corazón "Te adoro con devoción, Dios escondido....».